Por qué los discos duros hacen clic y cuándo se convierte en un problema

Un disco duro en buen estado es un dispositivo discreto. Produce un zumbido bajo y constante y poco más. Cuando un disco comienza a hacer clic, normalmente se debe a que un proceso que debería completarse una sola vez se repite una y otra vez.
Esa repetición es el sonido que se escucha.
Qué provoca el clic en un disco duro
Dentro de cada disco duro hay un brazo mecánico equipado con un cabezal de lectura y escritura. Este cabezal se desplaza sobre la superficie de los platos, que son los discos circulares donde se almacenan físicamente los datos.
Cuando el disco no puede leer la información que espera encontrar, el brazo vuelve a su posición inicial e intenta de nuevo. Si el problema persiste, este ciclo se repite. Cada reinicio del brazo produce un clic audible.
En términos sencillos, el disco no logra localizar los datos y trata continuamente de recuperar su posición. El sonido de clic es un síntoma del fallo, no una señal de advertencia diseñada para el usuario.
Diferentes tipos de clic y lo que pueden indicar
No todos los clics suenan igual, y el patrón suele reflejar la naturaleza del problema subyacente.
Un clic regular y rítmico suele estar asociado a un fallo mecánico, que puede implicar desgaste, daños o desalineación de los componentes internos.
Un sonido más suave pero persistente puede indicar dificultades para leer datos en la superficie de los platos, a menudo relacionadas con la degradación de esa superficie o con una inestabilidad temprana del cabezal.
Un clic fuerte seguido de silencio suele significar que el disco ha dejado de funcionar por completo. En algunos casos se trata de un apagado automático destinado a limitar daños adicionales, aunque con frecuencia ocurre después de que el daño ya se ha producido.
Aunque no es posible determinar la causa exacta solo por el sonido, un disco que hace clic rara vez se comporta de manera inofensiva.
Por qué seguir utilizando el disco aumenta el riesgo de daño
Uno de los aspectos más engañosos de los fallos de disco es que muchos siguen funcionando, al menos durante un tiempo. Los archivos pueden abrirse. El sistema operativo puede arrancar. El ruido pasa a ser una molestia de fondo en lugar de una señal clara de avería.
Es en este punto cuando el daño suele acelerarse.
Cada intento fallido de lectura obliga al cabezal de lectura y escritura a desplazarse repetidamente sobre la superficie de los platos. Si el cabezal entra en contacto con esa superficie, los datos no solo se vuelven inaccesibles, sino que se destruyen físicamente. En ese momento, la recuperación se vuelve mucho más compleja y, en algunos casos, imposible.
Que un disco siga funcionando de forma temporal no es una señal de seguridad. A menudo es una señal de que el fallo está en curso, no de que haya terminado.
Acciones habituales que empeoran la situación
Una reacción frecuente es encender y apagar el disco repetidamente. Cada reinicio obliga a los mismos componentes defectuosos a repetir los mismos movimientos, aumentando el desgaste y el riesgo.
Otras soluciones improvisadas, como congelar el disco, golpearlo o ejecutar herramientas agresivas de escaneo y reparación, están ampliamente difundidas pero rara vez son eficaces. Estas acciones priorizan hacer algo frente a obtener un resultado real, lo cual es comprensible, pero poco útil.
Cuando un disco comienza a hacer clic, el margen para experimentar sin consecuencias se reduce considerablemente.
Cuándo detenerse y reevaluar la situación
Un disco duro que hace clic no significa automáticamente que los datos sean irrecuperables. Sí significa que la ventana de intervención segura se ha reducido de forma significativa.
Dejar de utilizar el disco y solicitar una evaluación profesional permite examinarlo en condiciones controladas, sin someter a más tensión a componentes ya dañados. Una evaluación adecuada se centra en comprender qué ha fallado y qué opciones existen realmente. Debe aportar claridad, no garantías.
En muchos casos, el mayor daño no lo causa el fallo inicial, sino lo que ocurre después.